enero 26, 2025

La mirada y quién mira

"Liberar al mundo de toda clase de dolor no es otra cosa que cambiar de mentalidad acerca de ti mismo"

Hace poco escuché a alguien, en uno de esos programas de debate, que le suponía a Cristina Fallarás estar lucrándose del dolor de las mujeres que “denuncian” en su plataforma Cuéntalo. Esa persona, mujer también, opinaba que lo que hacía Fallarás no era activismo social sino publicitarse como feminista para ganar dinero y prestigio…¿Cómo saber si es compasión o proviene del egocentrismo?

Ante la vulnerabilidad a la que nos emplaza el dolor, y ante la demanda implícita de alivio de quien lo sufre, se puede generar confusión y manipulación. Es cierto que hay mucho fraude, y que no estamos entrenados en el discernimiento. Es por ello que es importante crear un marco desde donde atender este posible riesgo al que alude el texto en el que me inspiro (“los riesgos del mesianismo”), fraude que, por otro lado, no es exclusivo del ámbito espiritual, sino susceptible de ser experimentado en todo lo que acontece.

La mirada “desconectada de la fuente”, nos dice Martínez Lozano, corrompe lo que miramos, lo hace interesado, centrándolo en lo personal. El marco conceptual del propio sistema de pensamiento o, por el contrario, la conexión con la fuente podría ser una clave que nos haga distinguir la experiencia que miramos.

Necesitamos un nuevo enfoque, gran angular, para no caer en la trampa de la superficialidad que lleva al engaño, para no caer en la tela de araña de verlo todo desde la polaridad, verdad y mentira, malos y buenos o viceversa. Creo que, ante el engaño, el conflicto, la confusión, o la manipulación, es importante detenerse y mirar, construir un marco, un encuadre, mirar y preguntarse; querer saber qué se mira, quién lo mira y desde donde lo hace. Esto llama a una respuesta honesta, sin juicio, desposeída de confusión. El encuadre de querer saber, que a la vez nos informa de quien somos, alumbrará una respuesta que tendrá mucho que ver con lo que nos vamos a encontrar y con quién nos va a acompañar.

El que habla y el que escucha tienen la misma responsabilidad. Luego, a partir de eso (y de otra serie de circunstancias que desconocemos, porque hay cosas que han de quedarse en el misterio), y si nos dejamos, la vida nos dirige a lo que está en la misma frecuencia, a lo que es de la misma cualidad.

Jesús devolvía la responsabilidad al que pedía el milagro. No se vanagloriaba de hacer milagros. Cuando alguien trataba de ponerlo en ese lugar de privilegio él contestaba “tu fe te ha salvado”. Y con esto dejaba claro de dónde venía el poder y quien dirigía el cotarro.

Este gesto siempre me ha parecido esencial para el discernimiento.

(El texto de Enrique Martínez Lozano es este: https://www.enriquemartinezlozano.com/los-riesgos-del-mesianismo)

Imagen: Historia National Geographic 23 de agosto de 2024

 

 

 

 

 

 

 

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